La historia de mi secuestro: 36 días que cambian una vida

Haber nacido teniéndolo todo, o creyendo que lo tenemos, nos puede llevar a un estado de conformismo en el que es muy fácil caer; especialmente en el mundo en el que vivimos, donde parece que nada es suficiente.

Un mundo acelerado, en el que nos cuesta detenernos un minuto a observar y a valorar lo que tenemos y lo que hemos logrado; pero sobretodo, parece que a veces entre más tenemos, más exigimos y menos agradecemos.

Pero nada es para siempre, en un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar y lo peor es que cuando cambia, muchas veces, no avisa.

Siento que ha pasado mucho tiempo, pero en realidad fue hace poco que mi libertad y mi vida tuvieron un precio. Un precio que decidió ponerme una banda de secuestradores sin siquiera conocerme.

A mis 14 años se me asignó un código de barras con una cantidad estipulada. Hoy después de tantos años les puedo decir que este código de barras lo modifique YO. Este código no representa ninguna cantidad, pero sí representa un aprendizaje continuo el cual contiene una fecha de inicio y una final; lo que nadie pensó es que este código de barras lo iba a llevar marcado durante toda mi vida.

Apenas puedo creer que estuve secuestrada durante 36 días. Esos días fueron eternos para mí, pero sobretodo, para mis seres queridos. Al menos yo sabía que estaba bien pero no me puedo ni imaginar todo lo que por sus cabezas pasaba.

Fue un momento muy difícil. Lleno de incertidumbre y miedo. Pero más que eso, estuvo lleno de fe, cariño, esperanza y confianza. Esto último es lo que me ayudó a sobrevivir cada uno de esos días. Mucha gente me pregunta si me sentía sola, en realidad no; jamás me sentí sola. Sabía que mi familia y amigos estaban conmigo independientemente de la distancia y circunstancias.

Fue un momento muy difícil. Lleno de incertidumbre y miedo. Pero más que eso, estuvo lleno de fe, cariño, esperanza y confianza.

Conforme pasaban los días vivía altas y bajas. Entre más pasaba el tiempo, mis bajas incrementaban porque mi mente daba muchas vueltas. Las amenazas aumentaban y eso hacía que el miedo cada vez fuera mayor. En momentos difíciles me ponía a pensar en mi familia, en mis amigos y en cada uno de esos recuerdos que me hacían volver y me daban fuerza para seguir. Cada día me era más difícil concentrarme en lo bueno, pero sabía que era lo único que me mantendría en pie.

Cuando vives experiencias difíciles escuchas muy seguido, en forma de consuelo y motivación, frases como “échale ganas”, “lo que no te mata te hace más fuerte”, “Dios no te manda nada que no puedas soportar”, “de todo se aprende”…. Son frases que en el momento pueden no resonar en ti y a veces cuesta creerlas. Con el paso del tiempo, te das cuenta que cada una de ellas hace todo el sentido siempre y cuando tú quieras dárselo. No podemos cambiar nuestras circunstancias, pero sí podemos cambiar nuestra actitud y reacción ante ellas; a esto me refiero cuando digo que tú mismo le das sentido a todo lo que te pasa.historia-de-mi-secuestro

Estoy completamente convencida de que siempre que nos sucede algo tenemos la libertad de elegir nuestra forma de reaccionar ante ello. Somos  los únicos responsables y nuestra felicidad está en nuestras manos. Muchas veces la responsabilidad asusta y por eso nos victimizamos y buscamos culpables en vez de levantarnos y darnos cuenta de que depende de nosotros. En mi caso, sé quiénes son los culpables del encierro de 36 días, pero si yo no hubiera decidido liberarme después del secuestro e incluso durante, la única responsable y culpable sería YO y hoy llevaría 14 años secuestrada.

Una vez que regresé a mi casa lo que más quería era dejar el secuestro atrás y seguir con nuestras vidas. Poco tiempo después me topé con la sorpresiva noticia de que mis papás se divorciaban y ahí me pregunté, “¿para esto salí?” Todavía no empezaba ni a asimilar un secuestro cuando me pedían asimilar una separación. Ahí fue cuando me di cuenta de que mi vida jamás iba a ser la misma, que iba a cambiar por completo, pero que en mí estaba hacerla mejor, igual o peor. Allí decidí hacerla todavía mejor de lo que había sido.

Cuando cuento mi historia la gente me pregunta si me quedé con miedo o ciscada y la realidad es que sí me quedé con miedo y ciscada, pero no permito que eso me detenga de hacer lo que me gusta y mucho menos que determine mi vida. Esto no quiere decir que me valga, lo que quiero decir es que hago lo que me gusta pero siempre me cuido y tomo precauciones.

Sin saberlo, siempre actué como un blanco perfecto para ellos. Y aunque no lo crean, durante esos días, uno de los secuestradores me dio unas recomendaciones para podernos cuidar y evitar ser víctimas perfectas. Me encanta poder compartirles estos tips.

TIPS DE UN SECUESTRADOR PARA NO SER SECUESTRADO TAN FÁCILMENTE
  1. Cambiar rutas y horarios.
  2. Evitar poner direccionales.
  3. Espejear constantemente.
  4. Evitar manejar de noche o durante la madrugada solo.
  5. Observar coches y placas.
  6. Ser prudente con la información que proporcionamos.
En momentos de sospecha…
  1. Cambia de dirección repentinamente.
  2. Haz una llamada algún familiar o amigo.

Hoy volteo hacia atrás y me doy cuenta de que La Niña que entró a esa casa el 24 de septiembre no es ni cerca La Niña que salió el 29 de octubre de 2013 y mucho menos quien hoy soy.

Me llena de felicidad saber que Dios y la vida me dieron una segunda oportunidad. Segunda oportunidad que decidí aprovechar a cada segundo.

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