Me da pena que te avergüences de lo único que tienes para vivir

A los 11 años sufrí un accidente y perdí la mano izquierda.

Me daba pena.
Me daba pena salir a la calle y que la gente se quedara viendo.
Me daba pena ir a clases y que mis compañeras dijeran cosas a mis espaldas.
Me daba pena que la gente se percatara de que tenía una prótesis.
Me daba pena salir sin mi prótesis.
Me daba pena usar blusas de manga corta y que se notara mi prótesis.

Crecí y me empezaron a dar pena otras cosas.

Me daba pena ir a reuniones y fiestas.
Me daba pena cuando los niños me invitaban a bailar; se daban cuenta y se iban.
Me daba pena conocer a gente nueva y, sobre todo, cuando me preguntaban “¿qué te pasó?”
Me daba pena no estar ni cerca, físicamente hablando, a lo que está considerado “bello”.
Me daba pena escuchar lo que mis amigxs pensaban de mí.
Me daba pena el reflejo que arrojaba el espejo.

Me daba pena vivir en un cuerpo diferente, “anormal”, “discapacitado”. En una piel fragmentada e incompleta, muy muy lejos de ser perfecta. Una piel que no se veía ni se sentía como la mayoría. Una piel que muchas veces sintió que no valía. Mi cuerpo no merecía gastar espacio, no merecía ser visto, mucho menos ser celebrado.

Ahora me dan pena otras cosas.

Me da pena quedarme callada.
Me da pena la gente que no acepta lo desconocido por un estúpido miedo a lo diferente, a los cuerpos que se ven y actúan desafiando la normatividad.
Me dan pena las personas que encasillan y categorizan a otros (discapacitadx, anormal, enfermx, putx, zorra, locx, rarx, entre otros). Porque en su diminuta cabeza no caben otros mundos.

Me da pena una sociedad que hace que las personas se avergüencen de lo único que realmente les pertenece y les permite experimentar la vida: su cuerpo.

Pero sobre todo, siento pena y dolor, por aquellos a los que hoy en día les da pena lo mismo que a mí hace muchos años: vivir en su propia piel.

Y por eso no me callo, porque tal vez tú no has entendido que por el simple hecho de existir mereces espacio; tanto espacio como cualquier otro.
Y tu cuerpo no solo no te debe de dar pena, te debe de llenar de orgullo.

Lo “anormal” solo se creó para hacer sentir más normal a los “normales”. Lo
“discapacitado” solo se construyó para hacer sentir más capaz a los “capaces”. Estos términos no son más que constructos; opresores y fugaces.

Tu piel fragmentada es un símbolo de fortaleza. Y tu cuerpo diferente es bello, yo lo veo y ahora lo tienes que ver tú; es valioso. Digno y merecedor de todo. Acéptalo, quiérelo, celébralo, exprésate a través de él.

No pases un sólo día más avergonzado de haber nacido en esta piel.

Maria Borja

me da pena
Ilustración: Frances Cannon

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